domingo, 9 de octubre de 2016

Renacer como el Ave Fénix




Enfrentarse a la muerte no es fácil. Entender que ya alguien no estará y que las piezas de tu vida deben reacomodarse es duro. No saber que hacer con el amor y los recuerdos es aterrador. Pero no habrá experiencia humana, junto con la de tener un hijo que te haga crecer tanto como ser humano.

Cuando alguien que amas muere, te quitas la piel con la que has vivido y te nace piel nueva. Como un gran reptil que cambia de cuero, te deshaces y te reconstruyes con una nueva historia porque esa persona se llevó parte de tu vida y tú te quedaste con parte de la suya.

Cuando alguien que amas se va, aprendes a conservar recuerdos, echar a la basura aquello que ya no hace falta, rabias, rencores, dolores y siembras un jardín en tu alma para que los momentos bonitos crezcan y se mantengan.

Te enfrentas a tu propia mortalidad, a la posibilidad de no estar algún día y lo que eso pueda significar. A la importancia de vivir con fuerza y plenitud, de disfrutar en carne viva.

Navegas unas épocas terribles pero si decides salir victorioso de este trance, empiezas a practicar el desapego aunque suene contradictorio. No es que te apartarás de los que amas pero ya no serás esclavo de los afectos porque entenderás que eso te roba la vida y la vida es limitada.

Apreciarás la luz del día, la noche, la lluvia, la paz, el silencio, lo que está y lo que no. 

Descubrirás colores así como redescubrirás afectos y, en algunos casos desenmascararás envidias y rencores, pero no te angusties. Todo es parte de volver a nacer que es la contraparte de ver morir a otro. Uno muere pero quienes están a su alrededor , renacen de muchas formas.

Vivimos con temor a la muerte y no entendemos que solo la certeza de su existencia nos hace vivir con intensidad y calidad. Sólo saber que el tiempo se acaba nos obliga a valorar el tiempo. 

No hay mañana ni un tiempo perfecto en el futuro. El día y el momento perfecto es hoy y no debemos desperdiciarlo con cargas tan pesadas como la culpa del pasado o el miedo del futuro.

Vive y vive bien que es lo único que vale la pena.



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