Entradas

Los perros que hablan

Imagen
Eran las 7 am y Francisco se levantó corriendo, preocupado por haberse perdido algo pero no, no se perdió nada. En el día 335 tras el cambio, todo seguía igual. Se asomó por la ventana y el cielo permanecía de color rojo escarlata. Ya no había diferencia entre el día y la noche, el cielo era siempre rojo. Bajó las escaleras y salió al jardín. Saludó a su perro que ahora hablaba perfecto español y éste le contestó amablemente. Luego del cambio, los animales adquirieron la capacidad de hablar con sus dueños, solo con sus dueños. Y los humanos perdieron la capacidad de hablar entre sí. Sólo podían hablar con sus mascotas. Esa extraña situación (entre todo lo extraño) fue lo más sorprendente de todo para Francisco. Toda su vida había considerado a sus mascotas como parte esencial de su vida , sus compañeros pero siempre dudó sobre si ellos lo querían de la misma forma. Por otra parte, era firme partidario de la necesidad de la palabra entre los seres humanos para sobrevivir. No conce

Y si el apocalipsis llega mañana ¿Cómo te encontrará?

Ayer estaba viendo Dark y una frase se me quedó grabada. Decía algo más o menos así: no importa las decisiones que tomes, tu destino será el mismo. No buscas tu destino. Él te encontrará. Me quedé reflexionando sobre eso, más ahora que el destino pareciera obligar a todos a encontrarlo sin lugar a escondite y pensé ¿Y si al final es así? ¿Si no hay opciones ni caminos alternos sino misiones a cumplir y lo serán por encima de todo? ¿Qué nos queda?. Si esa fuera la opción tras bastidores, lo ideal entonces sería vivir la vida a fondo, sin tapujos, sin pausas. Disfrutar todo, experimentar con la curiosidad a flor de piel. Ir más allá de lo pensado porque no habría nada que pese, que desvíe, que cambie. Lo que ha de ser será . Y muchos me dirán que esa es la mejor manera de vivir pero también es cierto que la sociedad nos orienta diariamente a trabajar, vivir, respirar tras un objetivo que no es necesariamente la felicidad sino el éxito que no es lo mismo. Vivimos rodeados de mensajes del

Quienes somos tras el encierro

Imagen
Hace aproximadamente tres meses, comenzó el largo proceso de cuarentena que nos ha traído hasta el día de hoy. El mundo se detuvo y pareciera que nos obligó a todos a detenernos con él, bajarnos del vehículo y ver, sin filtros la realidad que nos rodea y, lo más duro, la realidad que llevamos por dentro. Al principio, el miedo y la incertidumbre guió la mayoría de nuestros pasos. Yo miraba asombrada como todo lo importante hasta ese momento dejó de estar en primera plana. Por primera vez, el tiempo ya no era oro, o no lo era en el sentido en que lo habíamos concebido siempre. Pasó a ser un concepto relativo. Ya lo más importante no era convertir el tiempo en dinero, sino convertirlo en vida y no solo en la nuestra, sino en la del que estaba a nuestro lado, aquel que a lo mejor ni conocíamos. Leímos, aprendimos, investigamos sobre aquel virus que con solo el miedo nos detuvo y nos encerró y cuando ya supimos lo suficiente, empezamos a vernos en el espejo. A lo mejo

Vivir es un arte

Vivir no es una simple práctica que se adquiere de manera silenciosa o sin colocarle empeño. Es un arte delicado, con miles de variables y caminos que le dan un vuelco a cada minuto. Requiere dedicación, empeño, el deseo profundo de hacerlo bien y curiosamente, es un arte sobre el que pocos se afincan y, peor aún es un arte acerca del cual los padres no siempre entienden que debe ser transmitido a los hijos como parte del legado de la crianza. Vivir o mejor dicho, vivir bien se ha encerrado en nuestra sociedad actual alrededor del alcance de logros que pueden ser traducidos en bienes materiales o que, en su defecto pueden ser cuantificados de acuerdo a un status alcanzado en un punto cualquiera. Para muchos una buena vida se resume en estudiar para lograr un buen trabajo que a su vez les otorgue un nivel de vida cómodo a nivel económico y les permita ser felices. No hay de nada de malo en esta ruta pero preocupa ver que muchos, montados en esa autopista del logro, olvidan el senti

Yo creo que Frida Sofía si existe

El martes 19 de Septiembre de 2017, un terremoto de 7.1 grados en la escala de Richter sacudió a Ciudad de México con toda su furia posible, derrumbando edificaciones, causando caos, pánico y cobrando vidas por doquier.   Una de las edificaciones en ruinas fue la Escuela Enrique Rébsamen, donde quedaron atrapados alumnos, maestros y personal de la misma. Comenzaron las labores de búsqueda y rescate inmediatamente y  comenzó a surgir la historia de que, entre las ruinas se hallaba viva una niña de 12 años de nombre Frida Sofía, atrapada bajo el escritorio de su maestra. Las redes se hicieron eco de la angustiosa tarea de rescate, se elevaron cadenas de oración por su salvación, se transmitió en vivo desde la escuela y la gente seguía la historia, minuto a minuto esperando en cualquier momento la noticia de que estaba ya afuera, viva con su familia. Pasadas 24 horas, comenzaron a surgir informaciones contradictorias: sus padres no estaban en el sitio, las maestras no conocían a nin

Amor de madre

Los pimentones brillaban con luz propia, compitiendo con el blanco de las cebollas y coqueteando con la invitación al beso del rojo de los tomates. Era día de mercado y como cada lunes, Francisca recorrió los pasillos lentamente, saboreando en su mente las obras culinarias que podría desarrollar y respirando con pasión el aroma de las verduras frescas que serían su materia prima. Repasó con cuidado los platos preferidos de sus amados comensales: sus hijos. A Ana le causaba un profundo placer la ensalada de brócoli con tomates frescos y una pizca de aceite de oliva y vinagre. Desde pequeña, siempre sonreía ante el colorido plato cuando Francisca se lo servía en la inmensa mesa  del comedor en la antigua casa de la esquina de Los Frailes. Enrique poseía un gusto muy distinto al de su hermana, amaba todo lo relacionado con los frutos del mar y su plato preferido eran los calamares rebozados, de tonalidades doradas que parecían reflejar el sol y olores que lo llevaban a la orilla

Renacer como el Ave Fénix

Imagen
Enfrentarse a la muerte no es fácil. Entender que ya alguien no estará y que las piezas de tu vida deben reacomodarse es duro. No saber que hacer con el amor y los recuerdos es aterrador. Pero no habrá experiencia humana, junto con la de tener un hijo que te haga crecer tanto como ser humano. Cuando alguien que amas muere, te quitas la piel con la que has vivido y te nace piel nueva. Como un gran reptil que cambia de cuero, te deshaces y te reconstruyes con una nueva historia porque esa persona se llevó parte de tu vida y tú te quedaste con parte de la suya. Cuando alguien que amas se va, aprendes a conservar recuerdos, echar a la basura aquello que ya no hace falta, rabias, rencores, dolores y siembras un jardín en tu alma para que los momentos bonitos crezcan y se mantengan. Te enfrentas a tu propia mortalidad, a la posibilidad de no estar algún día y lo que eso pueda significar. A la importancia de vivir con fuerza y plenitud, de disfrutar en carne viva. Nav